Los Nobel y la ciencia que México todavía no termina de apostar

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Por Marco Antonio Cortez Navarrete.

Los premios Nobel ya comenzaron a anunciarse. No se están entregando todavía: eso ocurrirá el 10 de diciembre, pero desde el 5 de octubre el mundo conoce a los primeros galardonados de 2026. En Medicina fueron reconocidos Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos relacionados con la optogenética; este martes 6 de octubre, en Física, el reconocimiento fue para Francis Halzen por su trabajo en el observatorio IceCube y el estudio de los neutrinos de alta energía. Mañana será el turno de Química, después vendrán Literatura, Paz y, finalmente, Ciencias Económicas. #PremioNobel⁠

La temporada de los Nobel también debería servirnos a los mexicanos para recordar algo que con frecuencia olvidamos: México sí ha producido científicos y creadores capaces de llegar a la máxima dimensión internacional. Son solamente tres los mexicanos que han recibido un Nobel: Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz en 1982; Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura en 1990; y Mario J. Molina, Premio Nobel de Química en 1995. No son tres nombres intercambiables ni tres reconocimientos de la misma naturaleza: cada uno representa una aportación distinta y excepcional. #PremioNobel⁠

García Robles fue reconocido por su trabajo en favor del desarme y de las zonas libres de armas nucleares, particularmente por su papel en la creación del régimen que convirtió a América Latina en una región libre de armas nucleares. Octavio Paz llevó la literatura mexicana al máximo reconocimiento mundial por una obra que el Nobel definió por sus amplios horizontes, inteligencia y dimensión humanista. Y Mario Molina, quizá el ejemplo más directamente relacionado con lo que hoy discutimos sobre ciencia y tecnología, compartió el Nobel de Química por sus investigaciones sobre la química atmosférica y, particularmente, la formación y descomposición del ozono. #PremioNobel⁠

Pero aquí comienza la parte incómoda de esta historia. Mientras celebramos a nuestros Nobel, México continúa teniendo una inversión relativamente baja en investigación y desarrollo. La OCDE reporta para México un gasto en I+D de alrededor de 0.3 por ciento del PIB en los datos comparables más recientes que presenta para el país, muy lejos de las economías que han hecho de la ciencia y la innovación uno de sus principales motores de desarrollo. La propia UNESCO ha señalado que México necesita aumentar la inversión en investigación y desarrollo. #OECD⁠

El presupuesto federal de 2026 para el Ramo 38, Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, asciende a 37 mil 360.8 millones de pesos. Es un presupuesto importante en términos absolutos y representa un esfuerzo institucional, pero no basta por sí mismo para cambiar la posición de México en la generación de conocimiento. De hecho, el propio Gobierno Federal estableció como línea base que el presupuesto federal destinado a ciencia, humanidades, tecnología e innovación equivalía a 0.44% del PIB en 2024, y planteó llegar a 0.53% en 2030. Es decir, incluso la meta oficial reconoce que el país parte de una proporción modesta. #SIDOF⁠

Por eso los Nobel deberían ser algo más que una fotografía anual de grandes personalidades. Deberían servirnos para preguntarnos qué estamos haciendo para que las próximas generaciones de mexicanos no tengan que desarrollar buena parte de su talento fuera del país, ni depender de presupuestos insuficientes o de decisiones sexenales. Los tres Nobel mexicanos demostraron que el talento existe. Lo que sigue siendo una asignatura pendiente es construir las condiciones para que ese talento encuentre en México laboratorios, universidades, financiamiento, tecnología y continuidad. Celebrar a García Robles, Paz y Molina está bien. Pero honrar realmente su legado sería invertir en los que todavía no conocemos y que podrían ser los próximos mexicanos en recibir un Nobel.

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