Ranas hervidas

Por José Eduardo Limón Camacho.

Analista

Cuentan que una de las formas de cocinar una rana, es meterla en una olla con agua a temperatura ambiente y encender una llama sutil, que poco a poco caliente el agua sin que la rana pueda percibir que la están cocinando viva; debe de ser así, porque sí se trata de introducirla directamente en el agua hirviendo, siempre brincará y se escapará de la muerte.

No sólo las ranas pueden nadar plácidamente mientras mueren, también nosotros morimos con agrado mientras vemos ante nuestros ojos cómo la sociedad en que vivimos se desmorona; tantas crisis y tantos embates enfrentamos hoy en día, que la mayoría ha optado por adoptar la lógica de “mientras yo viva bien’’.

Bajo esta premisa, se aceptan las modas y tendencias del siglo, creyendo que lo que ha aceptado la mayoría, por ese simple hecho será lo correcto y lo mejor. Lo cierto es que esta neutralidad nos vuelve esclavos de un sistema ideológico que rechaza todas las leyes naturales, por más elementales que resulten, e impone una dictadura en la que la razón termina siendo desplazada.

Hacia cualquier ámbito al que dirijamos la mirada, nos encontraremos con profundas carencias que menguan la prosperidad y la dignidad de los mexicanos. Pero aquello que más atormenta y termina destruyendo las raíces mismas de nuestras vidas, es la creencia absurda de superioridad sobre cualquier época, lo que lejos de mostrar la sabiduría de nuestro siglo, muestra una ignorancia supina.

Uno de los temas, que vuelve siempre y que se encuentra terriblemente politizado, es el del aborto. En días pasados, se despenalizó el aborto hasta la semana 12 en el Estado de Hidalgo y no faltaron las hurras de la marea verde y de todos aquellos pseudo intelectuales que no salen del estribillo fijo de “mi cuerpo, mi decisión”.

Existe la falsa creencia, que dar un paso hacia la despenalización y consecuente legalización del aborto, es sinónimo de una vida digna para las mujeres; sabemos que no es así. El aborto no saca de la pobreza a nadie, no quita el hecho infame de la violación, no libera de la maternidad, no contribuye en la economía y mucho menos le importas más al Estado.

El aborto, nunca será una solución ante la rectificación de los derechos y la dignidad de la mujer. Nunca será así, porque ataca la esencia misma de su ser para conseguir una libertad ficticia en la que se termina con la vida de un inocente. No se consigue la libertad, pasando por encima de los indefensos para justificar supuestos derechos; al contrario, eso es una tiranía.

Si de algo se caracteriza este siglo, es que con soberbia se ha erigido en el más derecho humanista y protector del ser humano; sin embargo, vemos con triste realidad, que cada día se parece más al sadismo de Hitler y Stalin, que por ‘‘selección natural’’ o búsqueda del ‘‘bien superior del individuo’’, decidían quién vivía y quién moría; la diferencia se encontraría tan sólo en que aquellos lo hacían con una violencia visible y estos, con la promulgación de leyes pseudo-humanistas.

En la ciudad de México, el aborto se permite desde el año 2007 y ¿acaso podemos decir que las mujeres de la CDMX, gozan de una mayor dignidad en comparación a aquellas que viven en Estados, donde se reconoce y se protege la vida desde el momento mismo de la concepción? Mucho menos podemos decir que la sociedad de la capital mexicana sea más justa y respetuosa de la mujer.

El verdadero paso hacia la restauración de la dignidad de la mujer, se encuentra en dejar de lucrar con un discurso que la utiliza para conseguir los fines del progresismo marxista y empezar a reconocer que esta imposición ideológica, lejos de ordenar a la sociedad en atención al bien, no ha hecho otra cosa que desmoronarla.

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