Por Marco Antonio Cortez Navarrete
Hoy escuché con atención, en el noticiero de Joaquín López-Dóriga por Radio Fórmula, la participación de José Antonio Lozano Diez, presidente de la Junta de Gobierno de la Universidad Panamericana y del IPADE, quien habló de algo que debería preocuparnos: una posible disminución del coeficiente intelectual asociada con el creciente uso y, sobre todo, con la dependencia que tenemos de plataformas como Meta y TikTok.
No sé si la tecnología nos esté haciendo menos inteligentes, pero sí tengo claro que nos está haciendo pensar de una manera diferente. Antes buscábamos información, la leíamos, la comparábamos y sacábamos nuestras propias conclusiones. Hoy, muchas veces, basta deslizar el dedo por una pantalla para recibir cientos de contenidos que alguien más decidió mostrarnos. El problema no es la herramienta; el problema comienza cuando dejamos que la herramienta sustituya nuestra capacidad de pensar.
TikTok, Facebook, Instagram y las demás plataformas no fueron creadas para embrutecer al ser humano. Fueron diseñadas para comunicar, entretener, informar y, naturalmente, para generar negocios. Pero cuando el entretenimiento permanente desplaza la lectura, la reflexión, la conversación y la curiosidad intelectual, entonces sí debemos preguntarnos qué estamos perdiendo en el camino.
Quizá el verdadero peligro no sea que disminuya nuestro coeficiente intelectual, sino algo todavía más preocupante: que disminuya nuestra capacidad de concentrarnos, cuestionar, discernir y formar un criterio propio. Una sociedad que recibe respuestas instantáneas para todo puede terminar perdiendo el hábito de hacerse preguntas.
Por eso, más que satanizar las redes sociales o la inteligencia artificial, debemos aprender a utilizarlas. La tecnología debe ser nuestra herramienta, no nuestro sustituto. Porque el día que dejemos que una pantalla piense por nosotros, el problema no será que la tecnología se haya vuelto demasiado inteligente; será que nosotros habremos dejado de utilizar la inteligencia que tenemos.

