Por Marco Antonio Cortez Navarrete
Liborio Vidal Aguilar, empresario originario de Valladolid, anunció su incorporación a Morena y su intención de participar en el proceso interno para buscar la alcaldía de Mérida rumbo a 2027. Su trayectoria incluye la presidencia municipal de #Valladolid, diputaciones locales y federales, así como la titularidad de la Secretaría de Educación durante el gobierno del panista Mauricio Vila Dosal. Estos antecedentes son relevantes para entender su aspiración, aunque su registro en el proceso interno no equivale todavía a una candidatura oficial. El hecho es que Liborio busca una nueva oportunidad política; la interpretación es que su llegada a #Morena podría modificar el equilibrio de fuerzas dentro del partido.
Su recorrido por distintas fuerzas políticas, desde el #PRI hasta el #PAN y ahora #Morena, plantea una pregunta legítima sobre la consistencia de sus convicciones. Cambiar de partido es un derecho democrático y no constituye, por sí mismo, una falta de congruencia. Sin embargo, cuando los cambios se acumulan, resulta razonable exigir explicaciones sobre las ideas y los principios que los motivan. Liborio suele expresar su gusto por la política, pero, en mi opinión, su trayectoria hace indispensable que explique qué proyecto ideológico lo acerca ahora a #Morena y qué lo distancia de los partidos en los que militó anteriormente.
Su incorporación también genera interrogantes sobre la competencia interna morenista. Rommel Pacheco, Verónica Farjat, Jessica Saidén y el conocido como Rulo Osorio son algunos de los nombres que han figurado en las conversaciones sobre la disputa por #Mérida. No obstante, mientras no exista una resolución formal, sería prematuro afirmar que sus aspiraciones han quedado descartadas o que una figura nacional ya decidió la candidatura. Mi lectura es que #Morena podría privilegiar la experiencia, las relaciones y la competitividad electoral de Vidal, pero esa estrategia tendría un costo si desplaza las aspiraciones de quienes han trabajado durante años en el movimiento.
En la contienda por #Mérida, Cecilia Patrón Laviada, actual alcaldesa, representa la continuidad de una tradición de gobiernos panistas en la capital yucateca. Su administración debe evaluarse por sus resultados, y quien aspire a sustituirla tendrá que presentar propuestas concretas sobre movilidad, servicios públicos, seguridad, crecimiento urbano y desigualdad. Liborio, por su parte, deberá demostrar que su experiencia como funcionario de un gobierno panista puede traducirse en una propuesta distinta bajo las siglas de #Morena. Las versiones sobre acuerdos, respaldos y supuestas bendiciones políticas deben mantenerse en el terreno de la especulación mientras no existan elementos verificables que las confirmen.
Mi opinión es contundente: el problema de Liborio Vidal no es cambiar de camiseta, sino pretender que cada nueva camiseta explique por sí sola sus convicciones. #Morena tiene derecho a abrir sus puertas a nuevos perfiles, pero si termina convirtiéndose en refugio de políticos procedentes de cualquier partido con tal de ganar elecciones, corre el riesgo de reproducir aquello que durante años criticó. Y Liborio tiene derecho a aspirar a la alcaldía, pero también la obligación política de explicar por qué ahora representa un proyecto que antes no defendía desde esas mismas siglas. En una democracia, los partidos pueden cambiar de candidatos y los políticos pueden cambiar de partido; lo que no debería cambiar tan fácilmente son los principios. Porque si el color se modifica cada vez que cambia la oportunidad, la pregunta ya no es de qué partido es Liborio Vidal, sino si alguna vez ha sido el proyecto político el que lo elige a él, y no él quien elige el proyecto que más le conviene.

