La Sedena ¿Una cueva de ladrones?

El Juglar de la Red

Por Rafael Cano Franco

Nunca como ahora, las fuerzas armadas de México se habían visto tan cuestionadas y señaladas de corruptas; ni siquiera cuando el general José de Jesús Gutiérrez Rebollo fue acusado de delincuencia organizada. De zar antidrogas se convirtió en empleado de los cárteles de la droga y eso lo llevó a ser sentenciado a 40 años de prisión, pero ni con eso a cuestas los militares mexicanos habían sufrido un daño tan duro a su imagen como en la actualidad.

El asunto no solamente es si el General secretario, Luis Cresencio Sandoval pidió a los mexicanos sumarse a la 4T; ese es un asunto periférico que nos aleja del centro del problema, lo importante es establecer que los altos mandos del Ejército están infestados de corrupción.

El Ejército Mexicano era una institución sólida, auténticamente del pueblo, para el pueblo y siempre con el pueblo; las convicciones ideológicas de sus altos mandos no impidieron que sirvieran a presidentes de distintas trazas políticas con honor y respeto; su institucionalidad y lealtad a la Patria los ubicaron como confiables y como una institución que no era presa fácil de los vaivenes políticos y menos de los vicios imperantes en el sistema político mexicano, particularmente la corrupción.

Pero todo fue que les dieran dinero y entonces los altos mandos militares no solamente mutaron sus convicciones, asumieron roles en lo público que les están vetados por la ley; de pronto la institución cuya base era el pueblo se trasformó en un instrumento del régimen político al que ya no solamente respeta institucionalmente, sino por el cual también hace proselitismo y se pronuncia políticamente, pidiendo a otros que también se sumen.

Los militares siempre han sido reservados con su manejo presupuestal, pero jamás en la historia reciente de México habían sido tan poderosos. Según un artículo publicado en el periódico “El País”, firmado por la periodista Georgina Zerega la opacidad es la carta de presentación del Ejército Mexicano.

Solamente el 2020, la Secretaría de la Defensa Nacional realizó compras por 32 mil 175 millones de pesos, pero solamente hizo públicas las contrataciones por una quinta parte de esa cifra, eso deja 25 mil 460 millones de pesos que no tienen registro público y a los que no se les puede seguir la huella.

La justificación para reservar esa información es que se trata de “asuntos de seguridad nacional”. Pero no debe olvidarse que el Ejército Mexicano participa en tres grandes proyectos de construcción: la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y la construcción de las dos mil sucursales del Bancos del Bienestar.

A la opacidad o la falta de rendición de cuentas, también se agrega que una buena parte del dinero que sí tiene registro se entregó por adjudicación directa y ya se demostró –en el caso de Santa Lucía—el enorme negocio que eso representa para los militares encargados de las obras.

Pero además, mientras que el gobierno federal eliminó 109 fideicomisos, a la Secretaría de la Defensas no le quitó ni un peso de sus cuatro fondos, que en conjunto suman 31 mil 980 millones de pesos; estos fondos militares eran iguales de “opacos y corruptos” que los eliminados, pero resultaron intocables y no solamente eso, resulta que el monto es el financiamiento más alto que otorgó algún gobierno a los militares. Con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto esos fondos no pasaron de los 5 mil millones de pesos, pero en este sexenio su dinero se multiplicó por seis.

Tanto dinero para una institución derivó en corrupción y eso se evidencia en las obras del aeropuerto Santa Lucía.

Ahí se documentan casos como el de una modesta ferretería de la Ciudad de México, que recibió contratos por 77 millones de pesos. Otra empresa, que era investigada por realizar caminos que nunca construyó pero por los cuales cobró 29 millones de pesos, recibió como premio ocho contratos dos semanas después.

Otra empresa, cuyo propietario es un policía municipal, recibió contratos por 19 millones de pesos por la renta de maquinaria pesada. Todas estas adjudicaciones se hicieron de manera directa, sin licitación.

Santa Lucía es una obra que se “come” 75 mil millones de pesos en su construcción y que se ha convertido en la cueva de Alí Baba y los 40 ladrones.

En su mayoría los militares tienen honor, su sentido de lealtad a la patria y su extracción humilde fueron la determinante para que el Ejército, más allá de escándalos que ahora son menores, fuera considerada una institución con amplios valores y por tanto generaba un respeto que bien se merecía.
¡Ya no!

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