Por Marco Antonio Cortez Navarrete
Cuando la historia juzga a un rector universitario, rara vez lo hace por la cantidad de edificios inaugurados o por el número de discursos pronunciados. Lo que verdaderamente permanece es la huella que deja en la vida institucional, la capacidad para interpretar los cambios de su tiempo y la visión con la que conduce a la comunidad universitaria hacia el futuro.
Ese será, probablemente, el principal criterio con el que habrá de evaluarse la primera administración del Rector UADY Carlos Estrada Pinto, quien en diciembre próximo concluirá el periodo para el que fue electo al frente de la Universidad Autónoma de Yucatán UADY y tendrá la posibilidad de buscar la reelección, conforme a la legislación universitaria y a la decisión que adopte el #ConsejoUniversitario, máximo órgano de gobierno de la institución.
Su llegada a la #Rectoría representó algo más que un relevo administrativo. Después de veinticuatro años en los que la Universidad fue encabezada por distinguidos académicos formados en el Campus de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, la comunidad universitaria depositó su confianza en un universitario de otra generación y de otra formación profesional. Egresado de la Facultad de Ingeniería Química FIQ UADY, exdirector de ese plantel y posteriormente responsable de la Dirección General de Desarrollo Académico —considerada por muchos la columna vertebral del crecimiento académico de la institución—, Estrada Pinto asumió el liderazgo de una Universidad sólida, pero consciente de que los nuevos tiempos exigían nuevas formas de gobernar.
Desde el inicio de su administración fue evidente un proceso de renovación institucional. Hubo cambios en la estructura administrativa, una reorganización de equipos de trabajo y una manera distinta de comunicar las acciones universitarias. Sin estridencias ni rupturas innecesarias, comenzó una etapa que buscó modernizar la gestión, fortalecer la cercanía con la comunidad y aprovechar las tecnologías de la información para hacer más abierta y visible la vida universitaria.
Ninguna administración está exenta de desafíos. Las restricciones presupuestales, la creciente demanda de espacios educativos, la transformación tecnológica y las nuevas expectativas de la sociedad obligan hoy a las universidades públicas a reinventarse de manera permanente. La #UADY no ha sido la excepción. Sin embargo, en medio de ese escenario complejo, la institución ha mantenido estabilidad, prestigio y una clara vocación por ampliar sus oportunidades de desarrollo.
Habrá quienes encuentren aspectos sujetos a crítica, porque toda gestión pública es perfectible. Pero también resulta justo reconocer que el estilo de conducción de Carlos Estrada Pinto introdujo una dinámica distinta en la Rectoría: más cercana, más abierta al diálogo, más visible ante la sociedad y con una clara disposición a adaptar la #Universidad a los desafíos del siglo XXI sin renunciar a los principios que durante más de un siglo le han dado identidad y prestigio.
Por ello, si hubiera que resumir este primer periodo en una sola frase, quizá bastaría decir que Carlos Estrada Pinto no llegó a cambiar la esencia de la #UADY; llegó a actualizarla. Esa puede ser, con el paso de los años, la aportación más significativa de una administración que aún tiene páginas por escribir, pero que ya ocupa un lugar propio en la historia reciente de la máxima casa de estudios de Yucatán.

