EL PRI y el PAN, en busca de la transparencia perdida
SIN TITUBEOS

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La semana pasada visitaron Yucatán dos liderazgos políticos de gran importancia en el país, de los dos partidos más fuertes de México: el PRI y el PAN. Por parte del partido tricolor, arribó por primera vez a la península Enrique Ochoa Reza, recién desempacado dirigente nacional, mientras que por el lado de los blanquiazules lo hizo Damián Zepeda Vidales, secretario general del Comité Ejecutivo Nacional.

Pero ¿qué mensaje es el que trajeron a la clase política yucateca estas dos personalidades?, por increíble que parezca, ambos llegaron con el mismo discurso, el del combate a la corrupción; combate que no solamente debe realizarse en contra de los adversarios, sino (y en esto radica el punto central del mensaje) al interior de sus mismas instituciones y en sus gobiernos.

Los discursos fueron claramente parecidos, tanto que parece fueron sacados de la misma máquina de escribir. Posiblemente los más importantes ideólogos de nuestro país se han percatado, que la sociedad mexicana actual ya no está para soportar la corrupción y los excesos de sus gobernantes, aunque me parece que se tardaron en darse cuenta de este cambio de paradigma.

El arribo de las redes sociales, que viralizan la información y exhiben con mayor facilidad a los políticos corruptos, además de generar opinión a través de las noticias sin importar si son verdaderas o falsas, ha trastornado la forma de hacer política.

Los medios de espionaje antiguos, herramientas de las principales agencias de investigación y de algunos periodistas, como es el caso de la fotografía, el video o la grabación de audio, ahora están al alcance de cualquier ciudadano ordinario. Con un celular, las personas pueden grabar conversaciones prohibidas entre funcionarios y personal de confianza, sobornos, así como reuniones de negocios a las que antes era imposible tener acceso.

Es la era de la información, por lo que ahora se exhibe con mayor facilidad lo que antes parecía ser un secreto a voces, cuales son las triquiñuelas de los políticos para ganar elecciones, o para recibir favores económicos.

Este temible poder ha puesto de rodillas hasta al Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, quien tuvo que aceptar y pedir disculpas por actos de corrupción como el de la “Casa Blanca” de su esposa, Angélica Rivera, porque su desgastada imagen y la de su partido así lo demandó. También tuvo que dejar solos a gobernadores como Javier Duarte y Roberto Borge, de Veracruz y Quintana Roo, respectivamente, porque seguir relacionando a este par de corruptos con su partido, era un lastre de cara a las elecciones del 2018.

De esto se percataron las cabezas del PRI y el PAN; y eso se vislumbra claramente en el discurso a la militancia, a la cual parecen aconsejar: “no sean tontos, no se dejen atrapar, jueguen limpio o lo pagaremos en las próximas elecciones”.

Y para muestra revisemos que le dijo Zepeda Vidales a los panistas: “Cualquier funcionario público que cometa actos ilícitos, debe ir a la cárcel, sin importar de que color sea”, “no toleraremos la corrupción”. Con un PAN yucateco dividido y echándose lodo entre correligionarios para demostrar quien es el más sucio, el secretario general del CEN vino a advertir del riesgo que significa el jugar chueco, es decir, ya no más moches y ya no más favoritismos.

Algo muy parecido al mensaje que Enrique Ochoa Reza dirigió a los miles de priistas que se dieron cita en el Siglo XXI, al advertirle a la militancia que “tienen que ser los priistas los primeros garantes ante la sociedad, de la honestidad y honorabilidad de nuestros gobiernos” y que la “sociedad demanda un cambio, demanda transparencia y rendición de cuentas, seamos los priistas los garantes de este cambio”.

Si bien cuidó un poco más las formas y no fue tan directo, el mensaje fue el mismo, le pidió a los militantes ser cautos y tratar de demostrar a la sociedad y a la opinión pública, que el PRI está cambiando para no cometer los mismos errores que ahora los tienen en capilla. Admitir que perteneces al PRI, hoy en día equivale a decir que eres el peor de los corruptos, y que mereces todas las mentadas de madre posibles.

La imagen de PRI=Corrupción, es una pesada losa con lo que tendrá que cargar el tricolor y de la cual no estoy seguro que pueda librarse en el tiempo que falta para el 2018.

Por su parte el PAN sabe que al menos en este rubro tiene una oportunidad de oro a nivel nacional y que solo debe tener cuidado de no regarla. La imagen de Margarita Zavala a nivel nacional no puede ser mejor, a todos los niveles se le considera una dama, incluso reconocido por los mismos priistas, y el que los rivales ataquen a su esposo Felipe Calderón no debe ser un factor de relevancia para minar su figura.

Por eso el accionar del PAN ha girado en torno de llevar la bandera de la transparencia en todo los estados, como los principales promotores de la Ley Anti Corrupción junto con la iniciativa privada. La transparencia y el combate a las malas prácticas estará por arriba de todo en Acción Nacional, y no protegerán a tipos que se benefician con moches, esos deben ir a la cárcel, y ese será el discurso de acá al 2018.

El tiempo dirá que mensaje llega más profundo en el alma nacional, pero auguro que le costará mucho más trabajo al PRI llegar a convencer a los ciudadanos. Mensajes parecidos, pero circunstancias diferentes son las que viven estos dos partidos políticos en su camino rumbo a la Tierra Prometida.

Posdata: Queda claro que este análisis fue a nivel nacional, porque a nivel Yucatán, Zepeda Vidales advirtió que se reunirá con los líderes locales del PAN para tratar de conciliar y limar asperezas. A mi entender tendrá que venir Ricardo Anaya al menos diez veces para que los panistas yucatecos comiencen a entender de que se trata la estrategia.

Roberto Ojeda
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