El PAN yucateco, el partido de los líderes egoístas
Sin titubeos

El Partido Acción Nacional nació en 1939 como una fuerza política para combatir al entonces Partido de la Revolución Mexicana (que posteriormente se convertiría en el PRI), y desde ese momento trató de convertirse en una opción de voto para los mexicanos que habían pasado por un periodo de turbulencia y de cambios a nivel administrativo los últimos 30 años.

Durante muchos años, el militante panista trató de demostrar que no era igual que el resto de los políticos. Eran los empresarios, los oradores, los honestos y los buenos estudiantes; pregonaban el cambio social y presumían de honestidad intachable.

Para el panista era importante no parecerse al militante priista, al cual veían como el demagogo, el pueblerino y charro; al que le gustaba el soborno y los tratos sucios. Interesado, mentiroso y que buscaba el embrutecimiento de la masa porque eso la hacía más fácil de dominar y de influir con programas asistencialistas o con una torta y un juguito.

Esto provocó que el mismo panista creyera en su interior que era diferente, un líder social que podía provocar el cambio en el país. Esa idea se convirtió en dogma fundamental y desde ese entonces el panismo se convirtió en cuna de “líderes”.

Eso nos lleva al día de hoy a nuestro bello estado de Yucatán. El panismo yucateco es actualmente la segunda fuerza política y tiene entre sus aspiraciones el recuperar el gobierno del estado que solo ha sido suyo una sola vez en el ya lejano 2001.

Hasta allá todo bien, pero ¿qué pasa por lo regular en un partido político que le hace creer por doctrina a todos sus militantes que son líderes?, bueno, para muestra basta con voltear la vista atrás los últimos dos meses.

El pasado 27 de junio la prensa local público una nota en la que involucraba al Senador panista, Daniel Ávila Ruiz en un caso de enriquecimiento y tráfico de influencias en contubernio con un constructor de nombre Rosendo Ceballos Chan, para que a este último le sean entregados 30 millones de pesos por concepto de obras públicas, todo un escándalo en contra del Senador que había llevado una imagen de transparencia y rendición de cuentas, y que se había ostentado una etiqueta de paladín, interponiendo cuanta denuncia fuera necesaria en contra de presuntos actos de corrupción por parte de los gobiernos del priistas.

¿Y cómo respondió Ávila Ruíz?, pues acusó al gobierno del estado y al Secretario de Gobierno, Roberto Rodríguez Asaf de orquestar una campaña en su contra. Parecía una respuesta normal, hasta que declaró que en este complot también participaba ni más ni menos que Raúl Paz Alonzo, el presidente estatal del PAN, al que además llamó lacayo del gobierno de Rolando Zapata Bello.

El Senador no sólo apedreó a su propia casa sin importarle el desprestigio que esto pudiera representar para el ciudadano, sino que repartió culpas a todo panista que se le cruzara por el camino, y hablo de Joaquín Díaz Mena, Beatriz Zavala y otros miembros de su partido, en una reacción que demostró una vez más de que está hecho el militante blanquiazul.

En el PAN, cada militante se cree un líder, y bajo esa premisa en Acción Nacional abundan los egos a un nivel que no se ve en otra institución política. Una vez más demuestran que el principal problema de este partido es la grilla interna, que su verdadero rival no es el PRI, sino sus propios correligionarios.

Ya en una edición anterior de esta columna había mencionado que el PAN no ganaría la gubernatura por su incapacidad de llegar a acuerdos y de trabajar en conjunto, porque ponerle el pie al de a lado era su deporte favorito, pero también les encanta hacerlo público y ver en los medios de comunicación el nombre del rival en algún escándalo.

Ya en las pasadas elecciones del 2015, Sofía Castro Romero, María Yolanda Valencia y Alberto Del Río Leal demostraron lo poco que les importaba su partido al hacer sendas ruedas de prensa para señalar corrupción en el seno del PAN, sin importar que fuera un momento crucial en la competencia por la alcaldía de Mérida.

Pero ya antes el mismo Mauricio Vila se había encargado de bajar por la carrera municipal a Raúl Paz a punta de memes, agresiones en redes sociales y periodicazos en medios locales. Y así puedo continuar en una historia que parece repetirse año con año en Acción Nacional, una historia en donde nadie se doblega por el bien de su partido y en donde todos son egos y proyectos personales.

Este tema de los moches de Daniel Ávila y del servilismo de Raúl Paz al gobierno priista ha creado un efecto bola de nieve en donde el ex gobernador Patricio Patrón, en un intento por regresar a la escena política una vez más, convoca a una rueda de prensa para pedir que se investiguen la corrupción al interior de su partido, ese del cual se alejó durante varios años.

En un momento crucial de la vida política local y nacional, en donde podrían haber sacado renta al máximo del descrédito sufrido por el PRI gobierno, tanto a nivel nacional con el desgaste de la figura del Presidente Enrique Peña Nieto y con la crisis que sufrió el gobierno del Rolando Zapata Bello con el tema de Escudo Yucatán y del pleito con UBER, prefieren despedazarse entre ellos y demostrar una vez más que volverán a perder en las elecciones del 2018 por su incapacidad de poner por delante a su partido.

Que desperdicio por parte del PAN, mientras que su rival político, el PRI, los observa con una sonrisa de oreja a oreja

Roberto Ojeda
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