A pocos días de que el gobierno británico tome una decisión definitiva, el líder del principal partido de oposición del Reino Unido se unió este sábado a una protesta contra el proyecto de la nueva embajada de China en Londres, una obra que, de aprobarse, se convertiría en la misión diplomática china más grande de Europa.
La dirigente del Partido Conservador, Kemi Badenoch, participó en la manifestación realizada en el sitio donde se planea construir el complejo diplomático, e instó al gobierno laborista a rechazar el proyecto, al señalar presuntos abusos cometidos por el gobierno chino. Según expresó, Pekín ha “acosado y sancionado a miembros del Parlamento británico” y ha “abusado de ciudadanos británicos con vínculos con China”.
“Sabemos que tenemos que enfrentarnos a los abusos de China. Lo que me preocupa es que el gobierno actual parece tener miedo de China”, declaró Badenoch ante cientos de manifestantes, quienes coreaban consignas como “No a la megaembajada de China”. A la protesta se sumaron políticos de diversos partidos de oposición, reflejando un rechazo transversal al proyecto.
Tras siete años de retrasos y disputas legales, el gobierno británico estableció el próximo martes como fecha límite para decidir si aprueba o bloquea los planes de construcción de la embajada china en el antiguo sitio de la Real Casa de la Moneda, ubicado cerca del Puente de la Torre, una zona estratégica de Londres. Pese a las protestas, se considera probable que el proyecto reciba luz verde.
El gobierno chino ha manifestado en reiteradas ocasiones su inconformidad por la demora en la autorización, acusando al Reino Unido de “complicar y politizar” el proceso. Desde Pekín se ha insistido en que la nueva embajada responde únicamente a necesidades diplomáticas y administrativas.
Por su parte, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha adoptado una postura más cautelosa. Si bien ha reiterado que la seguridad nacional no es negociable, también ha subrayado la necesidad de mantener el diálogo diplomático y la cooperación con la potencia asiática. La aprobación del proyecto allanaría el camino para un viaje largamente anticipado de Starmer a China y permitiría avanzar en la expansión de la embajada británica en Beijing.
No obstante, los críticos del proyecto advierten que el complejo, con una extensión aproximada de 20 mil metros cuadrados, se encuentra cerca del distrito financiero de Londres y de infraestructura clave de telecomunicaciones, incluidos cables de datos estratégicos. Temen que el recinto pueda ser utilizado como base para actividades de espionaje o vigilancia, especialmente sobre ciudadanos chinos residentes en el Reino Unido.
El debate pone de relieve la delicada relación entre Londres y Pekín, marcada por la tensión entre la protección de la seguridad nacional y la necesidad de mantener relaciones diplomáticas y económicas con una de las principales potencias mundiales. La decisión que adopte el gobierno británico en los próximos días podría tener repercusiones políticas y geopolíticas de largo alcance.

