Original y Copia

¿Y qué sigue?

Por Martín de J. Takagui

La presencia de Guadalupe Tadei como presidenta del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) era insostenible, después de la revelación de las graves raterías que mostró con nombre, apellido, domicilio, y mucho amor el periódico Reforma. No tenía forma de salvar el pellejo, pero las cosas no pueden quedarse así nada más con una renuncia.

La situación tan grave de corrupción en que ha incurrido, desde hace 33 años la señora al frente de organismos electorales, no podía perdonarse, la propia presidenta Claudia Sheinbaum, pidió que fuera ella quien aclarara el asunto, no supo, no encontró una excusa lo suficientemente grande y lo suficientemente absurda y desvergonzada para sus trapacerías.

Todavía el sábado pasado, la señora presidenta del INE sostuvo ante sus compañeros consejeros ciudadanos que no habría de renunciar a su cargo, pero la verdad es que alguien que ha robado, que se ha servido de manera millonaria con los recursos públicos y que ha manchado de lodo y mierda la pulcritud que le quedaba al árbitro electoral, no podía permanecer como su presidenta.

Hay que recordar que el árbitro electoral mexicano es desde hace más de 30 años una de las instituciones con la mayor credibilidad de las instituciones mexicanas, es una institución electoral que ha sido reconocida a nivel internacional y que fue ejemplo en el manejo de procesos electorales que llevaron a la Presidencia de la República a Ernesto Zedillo, a Vicente Fox, a Felipe Calderón, a Enrique Peña Nieto, a Andrés López Obrador y a Claudia Sheinbaum.

Es el organismo electoral que siempre garantizó la imparcialidad electoral, es el que estuvo presente en todas las elecciones de la transición democrática, en donde el PRI perdió su hegemonía y por primera vez llevó al Congreso de la Unión a ser una Cámara de Diputados opositora al gobierno priista.

El INE con sus siglas anteriores IFE, por ser el Instituto Federal Electoral, fue reconocido a nivel mundial y quizás fue el órgano electoral de mayor credibilidad y de mayor talla moral frente a las sociedades de todo el orbe, al grado que en muchas ocasiones gobiernos y organismos electorales de otras latitudes le solicitaron asesoría y supervisión para el buen desarrollo de sus elecciones.

Es la institución que ha garantizado por tres décadas la imparcialidad de las elecciones, y dígase lo que se diga, fue el que reconoció el triunfo del que nunca pensó que podría lograrlo, el triunfo de Andrés López Obrador con su llamada cuarta transformación de la vida pública de México, aunque después él mismo y su sucesora se han encargado de manchar su trayectoria.

Pero lo que se extralimitó en realidad fue la actuación de la Consejera Presidenta Guadalupe Tadei, que metió a sus amantes, a sus socios como proveedores de los millonarios contratos y sin la necesidad de someter a una licitación pública las compras y servicios que requiere desde hace tres años dicha institución.

Pero las cosas no pueden quedar con la simple renuncia de la señora corrupta, pues hay muchos otros personajes, como los titulares administrativos y el de la Secretaría General, ya que no se puede confiar en todas esas personas al frente de oficinas de la mayor importancia en el INE cuando quien los puso ahí es la cabeza del caso más grande de corrupción y raterías que pudo haberse imaginado al interior del INE.

El problema es que desde hace mes y medio ya inició el año electoral 26-27, que ya se han hecho contrataciones, que hay procesos en curso que no pueden mirar atrás, que hay hilos de las acciones y de las líneas de mando que pueden complicar el funcionamiento del INE en su conjunto.

El INE se encuentra en una situación de la mayor gravedad, en una condición en la que puede perder la confianza de la mayoría de los mexicanos, pues la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados y la Mesa Directiva han recibido la carta de renuncia de Tadei y ahora se aprestan a auscultar entre un abanico muy cerrado de especialistas en temas electorales a quien mejor pueda cumplir con esas responsabilidades.

La grandeza de las instituciones en muchas ocasiones quedan “abolladas” por gente irresponsable, por rateros y corruptos como la señora antes citada, es injusto que haya situaciones como la que se describe y encima de todo ello, hay que tomar en cuenta que esos malos manejos llevaron a las autoridades electorales del INE a despedir a cientos de servidores públicos de mando medios y de tropa que eran los que realmente operaban en la organización de las elecciones.

Tal es el caso de las denuncias que abiertamente hizo la abogada y periodista Mónica Calles quien dio a conocer una serie de despidos injustificados, despidos masivos que lastimaron la honorabilidad de la institución, despidos que dejan coja a una institución que trabajó con plena pulcritud en los procesos electorales por más de tres décadas.

Aparentemente se frena la corrupción, pero la credibilidad de la institución electoral mexicana debe restaurarse con un recuento y administración de los daños a la imagen pública del INE.

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