Reflexión de Marco Antonio Cortez Navarrete.
Hay un viejo dicho que asegura que los toros se ven mejor desde la barrera. Durante muchos años pensé que era una frase hecha, una de tantas que repetimos sin detenernos a descubrir su verdadero significado. Hoy, diez años después de mi jubilación, comprendo plenamente la profundidad de esas palabras.
Trabajé 35 años en la Universidad Autónoma de Yucatán UADY, 33 de ellos de manera oficial. Mi responsabilidad era comunicar el conocimiento que nacía en las aulas, laboratorios, centros de investigación y espacios culturales; construir puentes con los medios de comunicación; acompañar las visitas de personajes nacionales e internacionales y atender, desde mi ámbito, las necesidades de seis rectorados distintos, cada uno con su propia visión y estilo de conducir a la institución.
Viví la universidad desde dentro. Sus aciertos, sus desafíos, sus momentos de efervescencia y también sus silencios. Fueron años intensos en los que el día a día apenas dejaba espacio para detenerse a contemplar el conjunto. La urgencia de lo inmediato suele convertirse en una especie de venda que limita nuestra capacidad para entender el verdadero alcance de aquello que hacemos.
Paradójicamente, ha sido la jubilación la que me permitió mirar con mayor nitidez. Sin la presión de la agenda, sin la vorágine de los acontecimientos y sin la obligación de responder a la inmediatez, la universidad apareció ante mis ojos con una dimensión mucho más amplia. Comprendí que las instituciones no sólo se conocen caminando sus pasillos; también se entienden cuando uno aprende a observarlas desde la distancia.
Quizá esa sea una de las mayores enseñanzas que regala el paso del tiempo: descubrir que la experiencia no concluye cuando termina la vida laboral. Al contrario. Muchas veces comienza entonces una etapa más profunda: la de comprender el sentido de lo vivido.
Hoy sigo observando el devenir universitario con el mismo afecto de siempre, pero con una mirada más libre y más serena. Porque hay realidades que únicamente se revelan cuando dejamos de estar en medio de ellas.

