Tuberculosis: el reto silencioso que aún mata a millones y exige detección oportuna

A pesar de los avances médicos y tecnológicos, la tuberculosis continúa siendo la principal causa de muerte por un solo agente infeccioso en el mundo, lo que mantiene vigente la urgencia de reforzar estrategias de prevención, diagnóstico temprano y control de la infección.

En el marco del Día Mundial de la Tuberculosis, especialistas advierten que esta enfermedad sigue representando un desafío global de salud pública. Tan solo en 2024, provocó 1.23 millones de muertes y se mantuvo entre las diez principales causas de fallecimiento a nivel mundial.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cerca de una cuarta parte de la población mundial está infectada por Mycobacterium tuberculosis. En la mayoría de los casos, la infección permanece en estado latente, es decir, sin síntomas; sin embargo, existe el riesgo de que evolucione a su forma activa, la cual es contagiosa y puede generar brotes, especialmente en contextos de vulnerabilidad social.

Ante este panorama, el diagnóstico temprano —incluso antes de que aparezcan los síntomas— se posiciona como una herramienta clave para frenar la propagación. Detectar la enfermedad a tiempo no solo protege a la persona afectada, sino que también reduce la transmisión en la comunidad.

Raphael Oliveira, especialista de la empresa QIAGEN, destacó que identificar la infección de manera anticipada permite interrumpir la cadena de contagio y fortalecer la respuesta sanitaria.

Uno de los principales retos radica en las limitaciones de las pruebas tradicionales, como la tuberculina, que pueden arrojar resultados imprecisos en personas vacunadas con BCG. En ese sentido, tecnologías más avanzadas han cobrado relevancia en el ámbito médico.

Entre ellas se encuentra el QuantiFERON-TB Gold, que utiliza la medición de la respuesta inmunológica mediante liberación de interferón gamma (IGRA), ofreciendo mayor precisión para detectar infecciones latentes, incluso en personas previamente vacunadas.

Especialistas señalan que el uso de herramientas diagnósticas más confiables no solo mejora la atención individual, sino que también fortalece las políticas públicas al facilitar la identificación de contactos, el monitoreo de grupos de riesgo y la asignación eficiente de recursos.

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