Incendios de sexta generación: la crisis histórica que cambió para siempre la gestión del fuego en Chile y el mundo

Los incendios forestales que han azotado la región del Biobío y la zona centro-sur de Chile en los últimos años ya no pueden calificarse únicamente como emergencias ambientales. Se trata de una crisis climática, social y territorial sin precedentes, cuya magnitud ha modificado los paradigmas de la protección civil a nivel global.

Eventos como los megaincendios de 2017 y, especialmente, los ocurridos en 2023 marcaron un punto de quiebre histórico: el fuego dejó de ser un fenómeno estacional controlable para convertirse en una fuerza extrema, impredecible y letal, capaz de alterar el clima local y superar cualquier estrategia tradicional de combate.

¿Qué son los incendios de sexta generación?

Chile se ha convertido en uno de los principales referentes mundiales del fenómeno conocido como incendios de sexta generación, una categoría relativamente nueva que describe fuegos con un comportamiento nunca antes observado.

Estos incendios liberan tal cantidad de energía que interactúan con la atmósfera, generando sus propias condiciones climáticas. Entre sus características más peligrosas se encuentra la formación de nubes pirocumulonimbus, enormes columnas de humo y ceniza que provocan vientos erráticos, tormentas secas y cambios bruscos en la dirección del fuego.

Además, estos incendios tienen la capacidad de lanzar brasas encendidas a kilómetros de distancia, un fenómeno conocido como “salto de pavesas”, lo que vuelve inútiles los cortafuegos, ríos o carreteras diseñados bajo modelos de riesgo del siglo pasado.

La “tormenta perfecta” del fuego: la regla 30-30-30

En la región del Biobío se ha vuelto recurrente un escenario que los especialistas describen como la tormenta perfecta para incendios extremos, conocida como la regla del 30-30-30:

Temperaturas superiores a 30 grados centígrados,
Humedad relativa del aire por debajo del 30 por ciento,
Vientos con rachas superiores a los 30 kilómetros por hora.

Cuando estas tres variables coinciden, el fuego se vuelve prácticamente incontrolable, incluso para brigadas altamente especializadas y apoyo aéreo masivo. En estas condiciones, el incendio avanza a velocidades que impiden evacuaciones oportunas, como ocurrió en varias comunas del Biobío.

El modelo forestal y su papel en la propagación del fuego

Biobío es el corazón de la industria forestal chilena, y este factor ha sido clave en el análisis del desastre. Durante décadas, grandes extensiones del territorio han sido transformadas en monocultivos continuos de pino radiata y eucalipto, especies de rápido crecimiento pero altamente inflamables.

Estas plantaciones generan un paisaje homogéneo que actúa como una verdadera autopista para el fuego, a diferencia del bosque nativo, que retiene mayor humedad, ofrece diversidad estructural y funciona como barrera natural. A ello se suma el impacto en las napas freáticas: los monocultivos reducen la disponibilidad de agua, dejando suelos extremadamente secos y vulnerables.

Daños humanos, productivos y patrimoniales

El impacto de estos incendios va mucho más allá de la pérdida ambiental. La temporada de 2023 se convirtió en una de las más letales en la historia reciente de Chile, con decenas de personas fallecidas, especialmente en comunas como Santa Juana, donde el fuego avanzó con tal rapidez que no dio margen para evacuar.

Miles de viviendas fueron destruidas, junto con infraestructura crítica, colmenas de apicultores, ganado, viñedos patrimoniales y actividades productivas que sostenían economías locales completas. El daño social dejó cicatrices profundas en comunidades rurales y periurbanas que hoy enfrentan procesos complejos de reconstrucción.

Un precedente histórico con impacto global

Los incendios del Biobío sentaron un precedente histórico mundial. Expertos en gestión de emergencias, cambio climático y planificación urbana coinciden en que lo ocurrido en Chile anticipa lo que otras regiones del planeta enfrentarán en los próximos años.

California, Australia, España y el Mediterráneo observan con atención lo sucedido en el centro-sur chileno, ya que el calentamiento global está replicando condiciones similares en distintos continentes. La principal lección es clara: los modelos tradicionales de prevención, combate y ordenamiento territorial ya no son suficientes.

Hoy, el debate se centra en rediseñar ciudades, establecer zonas de amortiguación obligatorias, replantear el modelo forestal y fortalecer la resiliencia comunitaria ante un nuevo tipo de fuego.

Un nuevo escenario para el planeta

La gravedad de los incendios en Chile radica en que el fuego dejó de ser un fenómeno natural recurrente y pasó a ser una amenaza amplificada por la actividad humana y el cambio climático, que ha superado la capacidad técnica de respuesta existente.

Lo ocurrido en Biobío no es una excepción, sino una advertencia global. El mundo enfrenta un nuevo escenario donde los incendios de sexta generación redefinen la relación entre sociedad, territorio y clima, obligando a repensar de manera urgente cómo se habita y protege el planeta.

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