Ni las veo, ni las oigo

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El Juglar de la Red| Por Rafael Cano Franco.

Desde el gobierno de la República hay un monólogo que centra todas sus acciones en el combate a la corrupción y que se niega a escuchar cualquier otra voz que disienta, difiera u opine en sentido contrario de la visión gubernamental, como si la razón y la verdad estuviera solamente en el lado de la 4T y todos los demás estuviéramos equivocados, en el peor de los casos a favor de la corrupción.

Se suspendió la construcción del nuevo aeropuerto en la Ciudad de México porque había corrupción y los empresarios que lo construían formaban parte de la “mafia del poder”, pero ahora resulta que esos mismos empresarios corruptos están en el paquete que construye el aeropuerto en Santa Lucía.

¿Había o no había corrupción en esos empresarios? Todo indica que no.

En la lucha contra el robo de combustible –huachicoleo–, el presidente López Obrador volvió a argumentar que se trataba de combatir la corrupción generada en Pemex y sin mayores razones cerró ductos de abastecimiento que generaron un serio problema en 8 entidades del centro, bajío y occidente de México, fueron 30 millones de personas afectadas y miles de millones de pesos los que se perdieron.

¿El resultado? Una inversión de 87 millones de dólares para comprar pipas que no son aptas para el traslado de combustible y ningún personaje de relevancia detenido por robar combustible; pero lo más grave son las personas que perdieron la vida en Hidalgo cuando estalló un ducto de gasolina porque la instrucción fue que no se les molestara mientras llenaban bidones de gasolina.

Lo más triste es que el discurso gubernamental en torno al manejo futuro de Pemex, no solamente es limitado, también generó desconfianza en las calificadores y afectó directamente la situación crediticia de la paraestatal; todo eso representa mucho más dinero del que se perdió con la corrupción que se dice combatir.

El gobierno federal también eliminó los recursos que se destinan a las estancias infantiles, lo cual representa un duro golpe a las madres trabajadoras de México; la decisión se tomó con base a presuntos actos de corrupción que la Presidencia de la República aduce sin mostrar prueba alguna.

La decisión no solamente es lesiva para madres de familia, tiene un impacto directo en cerca de 400 personas que trabajan en esas instancias y que han expresado directamente su molestia al presidente López Obrador sin que este se hubiera tomado la molestia de escucharlas.

Al igual que en los casos anteriores, no hay elementos que muestren la corrupción sobre la cual se apoya la decisión, pero basta la sola palabra presidencial y entonces eso no se puede cuestionar.

El Presidente de la Repúblico volvió a decepcionar a las organizaciones de la sociedad civil que acudieron al llamado para opinar y proponer en torno a la creación de la Guardia Nacional; no solamente se desoyeron todas sus sugerencias, el proyecto final va en el sentido original que fue enviado la primera vez.

Las mesas de análisis, debate y propuestas fueron solamente una escenografía, una mascarada, una simulación que no sirvieron para nada y que en nada modificaron la propuesta de decreto para la creación de la Guardia Nacional.

En todo esto aparece una constante, y no es el discurso presidencial de combate a la corrupción porque realmente ese solamente es el pretexto, lo grave es que apareció el carácter intolerable de Andrés Manuel López Obrador, ese que lo dibujó durante muchos años y que parecía más una actuación que una realidad.

Hoy, lo que vemos los mexicanos es a un Presidente de la República cuya cerrazón no solamente cuesta dinero, también viene dinamitando instituciones y proyectos sociales que impactan directamente en la sociedad.

López Obrador dijo en su discurso del 1 de julio por la noche que no se convertía en un dictador; vamos a reconocer que no llega a esa categoría porque apenas va en la de “dictadorzuelo”.

La política presidencial de “se hace lo que yo digo, porque yo lo digo” no es un buen augurio pues representa la presidencia imperial que habíamos superado.

Rafael Cano Franco es reportero y conductor de noticias, también preside el Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C.