“Lamento de la pequeña mujer”


Mérida, Yucatán a 09 de marzo de 2016

Por: M. Grignion

Siguiendo con los festejos por el Día Internacional de la Mujer celebrados ayer, les dejamos esta interesante aportación literaria;

“Mi papá no sabe nada de mí…”

Fui testigo de la tristeza aguda dibujada en el rostro de una adolescente al mismo tiempo que con su voz diminuta y tierna le expresaba a Consuelo, su compañerita de escuela, lo siguiente: “Mi papá no sabe nada de mí, no conoce a mis amigos, donde estoy, ni siquiera conoce mi color favorito”.

Tras la pausa de unos segundos, la respuesta de Consuelo no se hizo esperar más y acompañándola de un abrazo cálido y fraternal externó: “No te preocupes Dolores, yo ni siquiera he hablado con el mío ni mucho menos lo he visto en un mes”. Las lágrimas brotaron en ambas por unos instantes y luego prosiguieron su camino.

Nos encontramos en plena era de la “modernidad” donde enormes avances tecnológicos han pasado lista de presentes y marchan a pasos agigantados. Donde lo que parecía imposible se ha hecho posible, y en ese sentido, la humanidad se ha visto afectada para bien y/o para mal dando lugar a la llamada “sociedad del conocimiento”.

Esta situación, se ha convertido en el blanco de análisis de diversos autores, cuyo producto ha sido la generación de un abanico de opiniones en donde podemos encontrar desde quienes idolatran a las nuevas tecnologías hasta quienes las satanizan.

Pero saltando esa discusión, lo que es irrefutable Amigo lector, es que en aras de la comunicación, las tecnologías y sus múltiples herramientas virtuales han conseguido romper las barreras del tiempo y el espacio, de modo que en la actualidad resulta una excusa “poco hábil” ocultar nuestro desinterés de contactar a alguien a través de la simple frase “no me ha sido posible localizarte”.

Por tal motivo y regresando a la escena inicial del presente escrito, ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI todavía se escuche las expresiones de aquellas desdichadas adolescentes? ¿Qué excusa válida tienen algunos padres de familia para no comunicarse constantemente con sus hijos?

Hoy pareciera que los administradores de las redes sociales como el WhatsApp, Facebook o el Twitter, por mencionar algunas, disponen de mayor información relevante sobre nuestros hijos que nosotros sus papás.

Por ejemplo, si hacemos el ejercicio de revisar el perfil de algún usuario de Facebook, es muy probable que encontremos datos como su fecha de cumpleaños, alguna frase que le guste, alguna foto de sus mejores amigos. Si se siente triste o cansada, o incluso dónde se encuentra en ese momento.

Aquí cabe la pregunta ¿Cómo padres de familia conocemos esa información de nuestros hijos? 

¡Papá!, no podemos olvidar nuestras obligaciones para con ellos.

En estos momentos donde la pérdida de valores causa estragos a la sociedad y donde el capricho personal de unos cuantos los lleva a ensañarse con la destrucción de lo más valioso que tenemos que es “la familia”, ¡ellos nos necesitan!, urge que sacudamos el egoísmo personal y retomemos la responsabilidad de educarlos, amarlos, alimentarlos, de estar al pendiente de ellos y corregirlos.
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¡Los hijos no tienen la culpa de nuestras desventuras! Lucha en el presente por lo que sabes que es correcto y heremos a nuestros hijos un futuro más dichoso. Decía Pitágoras: “Economizad las lágrimas de vuestros hijos, para que puedan regar con ellas vuestra tumba”.

Por otro lado, si bien la presencia de un padre es lo ideal y ésta no logra suplirse en su totalidad con nada, también es cierto que por circunstancias de nuestros actos puede darse el caso en el que resulte imposible vivir con ellos bajo el mismo techo.  Aun así, puedes cumplir con tus funciones y no se vale que por alguna excusa los demos en el olvido.

Si las circunstancias de la vida no te permiten estar con ellos, al menos utilicemos las “bondades” de las tecnologías para que aunque sea por esos medios, mantengamos una constante comunicación y una mayor vigilancia de sus actos.

Estoy seguro, aunque no es suficiente, que Dolores y Consuelo sentirían menos tristeza y vacío si recibieran al menos una llamada de sus padres todos los días preguntándoles “¿cómo estás?”.

Finalmente vivamos o no con nuestros hijos ya no hay vuelta atrás, las tecnologías llegaron para quedarse, así que saquémosle provecho para bien, utilicémoslas para mantener una estrecha comunicación con ellos, ¡hagámoslo! porque los mal intencionados ya lo están haciendo para sus intereses. ¡El que tenga oídos que escuche!

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