Enfócate en Dios, o sobre cómo vencer la ansiedad

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Por: Deyanira Trinidad Álvarez Villajuana.

“Enfócate en tu temor, y tu pánico se incrementará. 

Enfócate en Dios, y tu corazón tendrá paz”. 

El concepto de ansiedad puede definirse como una emoción compleja, caracterizada por un conjunto de respuestas fisiológicas, vivenciales, conductuales y cognitivas que se distinguen por un estado de activación y alerta urgentes. Cuenta con tres componentes principales: cognitivo, fisiológico y motor. Una ansiedad leve no tratada, puede derivar en un trastorno de ansiedad. Éstos, hacen referencia a un grupo de trastornos mentales caracterizados por sentimientos de ansiedad y temor, tales como el trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de angustia, trastornos de ansiedad fóbica, trastorno de ansiedad social, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), y trastorno de estrés postraumático (TEPT). De la misma forma en que ocurre con la depresión, los síntomas en los trastornos de ansiedad, pueden variar de leves a severos, siendo por lo general crónicos y no tanto episódicos. Una persona con ansiedad, siente mucho, es aprehensiva, hipersensible, nerviosa, y cree que algo está a punto de ocurrir, es inminente y no puede hacer algo al respecto, existiendo un halo de indefensión que les afecta física y psicológicamente. Del griego angh, proviene la idea de sentirse agobiado o emproblemado (angustiado). La ansiedad es el trastorno de salud mental con más prevalencia a nivel mundial, siendo 264 millones de personas en el mundo las que padecieron un trastorno de ansiedad, en el 2017. 

En la actualidad, existen múltiples factores estresantes y generadores de ansiedad, asociados a la contingencia sanitaria producida por el COVID-19, pero también otros como la tecnología per se, que puede ser tanto frustrante como productiva, los valores tradicionales se han ido desvaneciendo dando paso a las perversiones, violencia, discursos de odio hacia quienes aman a Dios y a la familia, originándose un caos que va más allá de un simple periodo. Ello, no ayuda a mantenerse en calma, pero sí es posible. Es posible caminar en paz, en medio de cualquier tormenta. Quizá no la paz como muchas la perciben, sino una que implica dejar nuestras cargas en Dios, confiar en Él, tener fe, y renovar cada día la esperanza, conservando una actitud de agradecimiento y gozo continuos, que, a final de cuentas, siempre serán una decisión personal. La situación en sí, no cambiará si nos sentimos de tal o cual forma, pero lo que puede hacer la diferencia, es cómo cada quien elige pasar por esta experiencia, con qué emociones, actitudes, y ante ello, es válido buscar ayuda, siendo de hecho, necesario en múltiples ocasiones, sobre todo cuando ya se trata de un trastorno. La ansiedad, hace proclive a la persona a juzgar la realidad de manera inexacta, distorsionando lo que ocurre y añadiéndole un tinte negativo, que actúa como profecía de auto-cumplimiento. 

Un componente fundamental de la ansiedad, es el miedo. Existen diversas reacciones ante el miedo. Una de ellas, es el afrontarlo, de frente, con valentía, al más puro estilo de “esfuérzate y sé valiente”, con la finalidad de acabar con esta emoción y solucionar el problema. Otra estrategia es la evitación. Ésta consiste en esquivar aquello que produce el miedo, tal como situaciones, lugares, personas, entre otros, para no pasar por esa emoción. Una última forma de reaccionar ante el miedo es la paralización, que implica quedarse bloqueado y no realizar acción alguna enfocada en escapar de la situación. La ansiedad como tal, es parte de la vida cotidiana del ser humano, por el hecho de serlo. Pero cuando sube su nivel, llegando a un extremo que se torna inaguantable para la persona, es menester acudir por ayuda, sin importar el “qué dirán”, siendo más importante la salud integral. En este sentido, la labor de un profesional que sepa observar, escuchar y hacer las preguntas indicadas, es fundamental. Observar es básico, pues a veces no concuerda la comunicación verbal con la no verbal, expresando ésta última, más de lo que la primera devela. Escuchar, es clave, ya que no es casual que las personas tengamos dos orejas y una sola boca, y esto es para escuchar el doble de lo que hablamos. Muchas veces, sólo es necesario escuchar, sin juzgar, y tras esa catarsis, llega la mejora. Por último, saber realizar las preguntas idóneas y de la forma adecuada, es la puerta de entrada a la transformación de la persona, ya que permite centrar el tema importante, el cual a veces se obvia, niega, proyecta, es decir, está fuera de la conciencia de la persona, pero con la pregunta certera, puede caer en la cuenta de algo que no había pensado con anterioridad. Toda ansiedad, puede ser superada. Si la has padecido alguna vez, o en la actualidad es parte de tu vivencia, confía en Dios, acércate a un profesional, y realiza las acciones necesarias para superarlo, y poder al fin, caminar en paz y con gozo, sin importar los retos por vencer, que como humanos todos tendremos en algún momento de nuestras vidas.

Maestra en Psicología Deyanira Álvarez Villajuana

Citas al whatsapp: 9991-20-66-69, www.deyav.com

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