En 2021 estarán hábiles y perversos que sacan de la urgencia social el mejor provecho electoral

0
75

José Eduardo Limón Camacho.

Analista

Estamos en el ocaso del 2020, un año que ha develado ante todos los mexicanos las profundas necesidades que tiene nuestro país, en todos los ámbitos sociales y ante las cuales el gobierno federal y una clase política corrupta, ha mostrado su enorme negligencia para proteger el futuro de las familias mexicanas.

A menudo, se señalan las dolencias de nuestro pueblo y las grandes tragedias de la vida nacional, son de todos y de sobra conocidas. Pero poco se habla, de una visión de país en la que las familias mexicanas, podamos desarrollar una vida digna, con acceso a los mejores salarios, a una educación de primer nivel, a mejores caminos y puentes, a vivir en un estado de derecho, en el que los derechos fundamentales, sean debidamente tutelados y nos permita a todos vivir con dignidad.

Mucho menos, se habla del método para lograr ese México, que parece quedará en el discurso monótono de los actuales vividores del erario. Las condiciones de vida y las soluciones son tan escasas, que, en el peor momento del país, llegan las elecciones más urgentes de nuestra historia. Nunca antes se vio en el rostro y en las tertulias, una preocupación generalizada sobre el rumbo y el destino de la Nación Mexicana.

En los próximos comicios del 2021, se elegirá a 500 diputados federales de las LXV legislaturas, 15 gubernaturas, 1063 diputados de 30 congresos locales y 1926 ayuntamientos en 30 estados. Una elección, que convoca a 95 millones de mexicanos, para que acudan a las urnas y depositen su futuro en una papeleta.

Tremenda responsabilidad, que no será tomada con la misma seriedad por todos los mexicanos; pues habrá quienes, comprometan su voto por una dádiva o quienes dejen a la suerte y a las conspiraciones de la oligarquía política su futuro y el de sus familias. Pero con mayor peligro, para nuestro porvenir, estarán presentes los hábiles y perversos manipuladores de las conciencias, que sacan de las urgencias sociales, el mejor provecho electoral.

El panorama, será muy complicado y muchas cosas faltan por verse, aún existen piezas que, no han salido a la luz y otras tantas que no han terminado de formularse. Sin embargo, ya muchos de los aspirantes a los cargos de elección popular, que se presumen ganadores indiscutibles y claros favoritos del electorado mexicano. Se muestran, totalmente despreocupados por presentar propuestas concretas y prefieren integrar un proyecto político, ante el cual la ciudanía los identifique como lópezobraduristas o anti-lópezobraduristas, estrategia que, sin duda alguna, nos llevará por caminos errados.

No necesitamos carismáticos, que hagan campaña tomándose fotografías con las personas en la calle o abrazando niños en condiciones de indigencia. No queremos, que lleguen a sus eventos o reuniones, buscando a las señoras y a los niños, que muestren la mayor apariencia física de vulnerabilidad, para que se piense que son candidatos cercanos al pueblo.

La mejor forma que tendrán, para demostrar que verdaderamente entienden las carencias de la ciudadanía y que son cercanos al dolor, que la inmensa mayoría de la población ha tenido que vivir en este año; se basará principalmente, en promover un proyecto de país, que haga frente a la destrucción tan voraz que encabeza la actual administración del gobierno federal, y que indiscutiblemente, deberá también, proponer respuestas concretas para construir un país en el que realmente podamos vivir con dignidad.

El reto, no se encuentra en ganar una mayoría opositora en el Congreso de la Unión, ese es el paso más sencillo para dar. El tema central y el más difícil, es construir en unidad y en apego al bien común, un México próspero y de oportunidades para todas las familias mexicanas. Ese es y no otro, el dilema que tenemos que resolver los ciudadanos antes de acudir a los comicios electorales. El destino del país, atraviesa momentos críticos y abandonarlo a la suerte o al carisma de los malos políticos, es una imprudencia que ya hemos cometido.